sábado, 19 de abril de 2008

La meta: "El paquete de galletas".

Esta mañana me tuve que levantar muy temprano para ir a dejar a mi vieja y a mi tía al trabajo en el auto; son tan re comodas estas cabras...jajaja.
La cosa es que llegué a mi casa, desayuné y a las 9:00 de la mañana me vi desocupado; he ahí el momento de ocio, por lo tanto me dispuse a desempolvar unos cuantos discos con algunos MP3´s guardados por ahí. Me dí cuenta que tenía mucha buena música escondida, así que me dispuse a pasarla toda al PC; el asunto es que algunos discos no tenían indicado que era lo que contenían, por lo que decidí anotar en la carátula del disco su contenido xD. Busqué en mi bolso uno de esos lápices que son como plumones, para no arruinar el disco, y me encontré con un paquete de galletas rancio que tenía del otro día (¿miércoles, jueves?...no recuerdo).
La cosa es que al verlo me recordé de una muy bonita historia que alguien me regaló cuando estaba en el colegio(por cierto me la regalaron impresa sacada de internet, y la perdí. Y si!!!, en ese tiempo había internet xD...aunque no lo crean...mnmnmn...jajaja) y ahora quiero ponerla aquí para que no se me olvide
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El Paquete De Galletas

En el andén de la vida... Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en el anden central y se sentó preparada para la espera.

Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.

La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta. "-No podrá ser tan descarado", pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco. ¡Gracias! - dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. De nada - contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida... La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: "¡Que insolente, que mal educado, que ser de nuestro mundo!". Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.

Eso es lo que puede hacer la rabia, el apuro y el prejuicio. La verdad fue una historia muy linda,
que en ese momento preciso no le dí
mucha importancia; de hecho, cuando la leí, dije 
"¡mira la vieja culia agüeona!"; 
na po, sin comentarios, pero creo que implícitamente me quedó alguna enseñanza y en algún momento me enseñó a mejorar un poco como persona.
La verdad es que me he dado cuenta que a momentos como que se me había olvidado un poco esa historia, y a momentos actuo como esa viejecita linda. Por lo menos me he dado cuenta de eso; quizás es porque estoy un poco resentido con el entorno en general, 
porque lamentablemente nada me ha salido del todo bien ultimamente.
Pero no se puede ser mal agradecido, ya que las cosas podrían estar peor. De echo en san jueves conversábamos después del partido y comenzamos a hablar de la vida, 
de las metas de uno, de que a veces uno no asume la edad que tiene y sigue cometiendo 
estupideces que por la edad no se deberían cometer, de que uno se hace esclavo de la necesidad y muchas cosas más.
Con todo esto recordé algo, entre ello lo de las metas, las cuales se me habían olvidado un  
poco también. Ahora ese es el sentido que le puedo dar a mi vida; fijarme nuevamente la meta
que me había trazado al comenzar el año, pero con un pequeño delay. Estoy alegre por esto.
Voy a ver como siguen las cosas de aquí a mitad de semestre y tomaré una decisión. No me voy a apresurar como la última vez. Estoy un poco extasiado; me pone contento poder ver todo claro nuevamente; o sea siempre ha estado todo claro pero nunca antes lo había querido asumir.
A algunas personas ya se los he dicho; no puedo seguir pensando solo en mi. Definitivamente no puedo.
La meta ya está puesta y es clara; esta vez creo que me va a resultar, ya que cometí el error una vez, y el cometer errores ayuda para en un futuro tomar decisiones acertadas.
Suena raro, ¿no?, pero es así. El plazo exacto no lo sé, pero no creo que sea muy largo.
Nunca se sabe realmente.

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